Museo del Niño Iztapalapa.
‘OASIS’, MUSEO DEL NIÑO en IZTAPALAPA, D.F.
CONCEPTO.
Hemos llamado Oasis al Museo del Niño. Según el Diccionario Pequeño Larousse Ilustrado: Oasis m. (pal. gr.) Espacio cubierto de vegetación, y a veces manantiales, en medio del desierto. Significado Figurativo: Cosa excepcionalmente agradable en medio de otra que no lo es tanto.
Al hablar de un ‘espacio cubierto de vegetación’ pensamos en una edificación ‘naturalizada’. Entendemos por ‘naturalizar’ una edificación el incrementar en ella, por diversos medios, la experiencia de estar en la naturaleza. Ello es importante por dos razones. La primera es que una edificación ‘naturalizada’ contribuye a la ‘reforestación’ de la ciudad lo cual a su vez constituye un ‘antídoto’ contra el efecto contaminante de toda ciudad: 60% de los gases invernadero son producidos por ciudades. Y la segunda, aún más importante, es que una edificación ‘naturalizada’ provee a los usuarios cercanía experiencial con la naturaleza. Estudios recientes muestran la necesidad de los niños de contacto con la naturaleza y los efectos perniciosos de la carencia de esta en las ciudades contemporáneas. En México, los niños constituyen un alto porcentaje de la población por lo que su educación y bienestar es crítico para el futuro de la sociedad. Sabemos que es suficientemente dramático que vivamos en una época en donde el grado de virtualización llega a que los humanos estamos aprendiendo más vocabulario de las maquinas que de las madres lo que acelerará nuestro distanciamiento del mundo sensible. Hay que acercar a los niños a la experiencia ‘directa’ de la naturaleza. ‘La presencia de la naturaleza es fundamental’.
El OASIS tiene tres objetivos complementarios: el primero es que los niños tengan la experiencia corporal directa de la naturaleza al mismo tiempo de que ‘aprendan’ lo que es un edificio ‘sustentable’ y ‘naturalizado’. Optamos por varias estrategias de diseño para responder a estos objetivos y a los requerimientos planteados en la convocatoria (subrayados). El edificio es un gran espacio de convivencia, como un ‘jardín’ o ‘parque’, donde los niños deambulan, corren, exploran, juegan e interactúan libremente. El ‘vestíbulo central’ o ‘corazón del Museo’ recibe y sorprende al visitante pero además le orienta al comunicarlo visual y corporalmente con todos los espacios y con la ‘azotea-jardín’ mediante rampas, escaleras y elevadores. El ‘corazón del Museo’ está ajardinado, al igual que parte de las fachadas (en donde la vegetación hace las veces de ‘cortina natural’), y la naturaleza ‘se extiende’ a la ‘azotea-jardín’, que es ‘decorativa’ e ‘interactiva’. El ‘corazón del Museo’ está iluminado cenitalmente con lo que se ‘privilegia el uso de luz natural’ en todo el edificio al igualar la intensidad lumínica del centro con la perimetral proveniente de las fachadas, las que son ‘transparentes’. En el Oasis, el niño tiene contacto con la naturaleza del interior y de la azotea-jardín, con todos sus sentidos y de manera permanente, al tiempo que ‘nota’ la ‘aridez’ de la ciudad que le rodea.
El segundo objetivo del Oasis es que el niño ‘aprenda’ algunas de las ‘virtudes’ de una edificación sustentable: le muestra que un techo verde es bello, mitiga el efecto ‘espejo’ de la techumbre tradicional, y filtra el agua de lluvia para su re-utilización. Y le entera, por contraste, de la diferencia de la experiencia entre una edificación ‘naturalizada’ y una ‘tradicional’.
El tercer objetivo es crear un edificio emblemático por sus características propias pero también por incidir en la ‘reforestación’ de Iztapalapa, una zona de la ciudad relativamente ‘árida’, carente de forestación, y con ello ‘ampliar’ el impacto social y cultural del Museo en una zona que no cuenta con infraestructura social y cultural, ni íconos relevantes que sirvan de identidad a la población.

Ubicación: Ciudad de México
Año: Concurso 2015
Superficie: 13,620.00 m2
Arquitecto asociado:
Jose Antonio Aldrete-Haas